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Sibenik no dejaría de ser una ciudad croata más si no es porque allí nació un jugador de baloncesto capaz de traspasar fronteras y ser el primer europeo en destacar en la NBA. Drazen Petrovic (2 de octubre de 1964 – Denkendorf, Alemania, 7 de junio de 1993) lo consiguió todo en Europa antes de dar el gran salto. Lo hizo el mismo año que Vlade Divac, el que algún día llegó a ser su mejor amigo. Hasta ese día gastó muchas horas botando una pelota e imaginando jugadas en la plaza de su casa, ahora ya sólo queda una canasta atornillada a la pared y un retrato pintado junto a los escudos de los equipos en los que triunfó (Cibona de Zagreb, Real Madrid, Portland Trail Blazers y New Jersey Nets). También en un bar del casco antiguo todavía puede verse una foto de Petrovic posando ante un cuadro suyo, repitiendo el mismo gesto que tantas veces hizo durante los partidos. No muchos lugares símbolicos que recuerdan al Mozart de Sibenik pero en el ambiente se le puede sentir en cada rincón.

Foto de Petrovic junto a su retrato en un bar de Sibenik. (Daniel Muñoz)Cualquier aficionado al baloncesto, de antes, de ahora, o de mañana, tiene que conocer la historia entre Drazen Petrovic y Vlade Divac. La mejor generación de jugadores del baloncesto de Yugoslavia quedó destruida como consecuencia de la guerra. ¿Quién no ha disfrutado con las canastas de Petrovic? ¿o con los movimientos de Divac? No fueron los únicos que se vieron marcados por el cruel conflicto. Toni Kukoc, Zarko Paspalj, Dino Radja, Vrankovic

Todo empezó en la final del Mundial del ’90, en Argentina. Yugoslavia había llegado a lo más alto del baloncesto. A la cima. Tras la bocina, Petrovic agarró una bandera independentista croata y la lució con los brazos en alto sobre la pista. Divac intentó quitársela… ahí terminó la relación de hermanos que habían tenido hasta entonces los dos jugadores. No hubo más llamadas en los Estados Unidos para saber uno del otro, no más visitas, no más cenas, el vínculo se hizo añicos por aquella maldita bandera.

Sobran las palabras en el documental de Canal + que pone los pelos de punta y que refleja el sentir de una ‘generación desaprovechada’ como selección. Individualmente triunfaron pero todos juntos quién sabe si podían haber estado más cerca todavía de aquel Dream Team en Barcelona ’92. Para ese año ya estaban divididos y sólo la versión croata pudo estrechar la mano del mejor equipo de la historia. Un año después la muerte se topó de bruces con Drazen Petrovic en un accidente de tráfico. Nunca pudo reconciliarse con Vlade Divac. Un hermano que de un segundo a otro se convirtió en el peor enemigo. Lo que un día separó la política no lo podrán olvidar los amantes al baloncesto.