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Hace justo 10 años, un chico de Albacete debutaba con el primer equipo del Barcelona. Era imposible imaginar la trascendencia que tendría aquel día en el fútbol español unos años después. Louis Van Gaal le dio la oportunidad de pisar el césped. Lo hizo en Brujas, en un encuentro de Champions, y disputó los 90 minutos. El Barça ganó con un gol de Riquelme, intrascendente comparado con el genio que acababa de tomar la alternativa. Andrés Iniesta se vistió de corto, con el mismo gesto tímido que aún tiene y sin querer acaparar el protagonismo. Como un chico más de La Masía. Él todavía no sabía lo que iba a ser capaz de hacer. Casi ocho años después, en Sudáfrica hizo estallar a todo un país con un gol que pasaría a formar parte de la historia, a estar en todos los DVDs, a estar en la memoria de todos los aficionados, y que hace que cada vez que se recuerde se esboce una sonrisa. Hace dos lustros debutó el jugador que le dio a España su primer Mundial.

El número 8 en el Barça, el 6 en España. Tras ese estreno en Brujas tardaría casi un mes en volver a jugar. En su segundo partido salió los últimos 30 minutos en Mallorca, en sustitución de Gerard, pero no sería en el tercero hasta cuando participó en su primer gol. El escenario fue la que aún es su casa, el Camp Nou, y el rival el Recreativo de Huelva. Iniesta le dio el pase a Fabio Rochemback antes de que el brasileño hiciera el primer tanto del encuentro a los nueve minutos. Tres citas para dar su primera asistencia. En marcar necesitó más tiempo. A la temporada siguiente, en el estadio José Zorrilla, Valladolid, anotó su primer gol.

Ese curso, en 14 partidos, un tanto y tres asistencias, demostró que era un chico especial y se ganó la continuidad que ha tenido hasta ahora en el primer equipo azulgrana. Cada vez dando un paso más al frente hasta ser imprescindible, tanto en el Barça como en España. Con la misma timidez con la que debutó. La magia ha brotado en cada partido, en cada acción del genio de Fuentealbilla, cada regate o pase. El gol en el descuento en Stamford Bridge, que metió al Barcelona en la final de la Champions, hizo justicia a su persona para elevarle a los altares del barcelonismo. Pero todavía le quedaba lo más grande.

En 2008 se proclamó campeón de Europa con España. Era el inicio señalado por el destino para el Mundial de Sudáfrica. El año del campeonato del Mundo empezó de una manera trágica para Iniesta. Su gran amigo Dani Jarque falleció repentinamente cuando se encontraba en la concentración de un partido del Espanyol en pretemporada en Italia. El suceso le afectó mucho. Su temporada no fue buena pero el destino le tenía guardado el mejor premio para el verano. El 11 de julio de 2010 Andrés Iniesta le pudo dedicar un gol en la prórroga de la final de un Mundial a su amigo fallecido, a la vez que hizo que un país se olvidara de todos sus problemas por un día.

Hoy, 10 años después de que debutara es justo darle las gracias por todo lo que ha dado al mundo del fútbol y ser un ejemplo dentro y fuera del terreno de juego. Gracias, Iniesta de nuestras vidas.