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“Viví durante más de dos décadas entre el sueño y la realidad. He tenido altos y bajos, pero nunca disminuyó mi pasión por este deporte. Realmente lo di todo. Dejo al campeón del mundo para dar espacio al hombre, que lo ha sido poco durante muchos años. Lo siento por los aficionados, pero ahora puedo dedicar a mi familia todo el tiempo”. Para Max Biaggi (26 de junio de 1971) estar subido a las dos ruedas de su moto ha sido su habitat natural durante los últimos 23 años. Cada domingo de Gran Premio ha hecho feliz a mucha gente con sus carreras, con sus piques, con su fina conducción cuando el semáforo se ponía en verde. El motociclismo le tiene guardado un lugar muy importante en su historia.

Cuatro títulos del mundo seguidos en 250 cc. (1994-97) y dos más en Superbikes (2010 y 2012), 165 podios en 370 carreras. En la década de los ’90 fue el amo del cuarto de litro. Sólo la aparición de Valentino Rossi pudo con él en 500 cc. Hay una generación que se enganchó a las motos pensando en que a Max Biaggi era imposible ganarle. Su regularidad y su valentía en el mano a mano hizo que los rivales se diluyesen y se rindieran antes de la bandera a cuadros.

Pero hay un piloto que se cruzó en su carrera. La ascensión meteórica de Valentino Rossi a la élite le convirtió en su gran rival. Ese ‘crío’ que le dejó sin título en la categoría reina y con el que creó una competencia que traspasó los circuitos. “En el deporte, si participas en la misma competición, una verdadera amistad es imposible. Cuando eres rival no puedes ser amigo de otro que compite, como otros quieren aparentar. Va en el propio ADN del competidor”. Sincero, nunca mostró su simpatía por Il’Doctore.

2012 deja un sabor muy amargo en el mundo del motociclismo. En el mismo curso han dicho ‘adiós’ dos grandes: Loris Capirossi y Max Biaggi. Gracias por todos esos domingos que nos hiciste madrugar para estar enganchados al televisor. Grazie Mad Max.