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Segunda prórroga de los cuartos de final de la Copa del Rey entre el Real Madrid y el Barcelona. 22.6 segundos para el final y el Barça domina por 106-103. El Madrid había gestionado mal la ventaja en los últimos segundos del tiempo reglamentario y de la primera prórroga. Ahora le tocaba remontar. Pablo Laso pide tiempo muerto para explicar la jugada y pedir calma: “Atacar rápido este uno contra uno y meter canasta o falta. Queda mucho y muchos tiros libres, estemos concentrados”. El Madrid saca de banda y Sergio Llull, a los dos segundos de posesión, falla un triple de más de 8 metros… Adiós a la Copa.

¿No escuchó Llull a Pablo Laso? ¿Había entendido mal la jugada? No. Sergio Llull sabía perfectamente lo que había pedido su entrenador en el tiempo muerto pero le dio igual. Como siempre en los finales apretados quiso ser la portada del periódico al día siguiente y su ego fue demasiado grande para dejar pasar la oportunidad. Un jugador que se cree mejor de lo que es, en esos minutos, suele ser un lastre demasiado pesado en el equipo. Y Sergio Llull lo fue, una vez más. Sergio Rodríguez, que había levantado al Madrid en la primera prórroga con cinco puntos consecutivos, Rudy Fernández, con molestias en la mano, o Jaycee Carroll tenían que ser las primeras opciones pero la ‘personalidad’ de Llull hundió al Madrid.

Es fácil decirlo cuando ese tiro no entró. Hubiera dado igual, ¿qué ha hecho Sergio Llull para desobedecer a un entrenador a falta de 22 segundos para el final? ¿Quién es? Nadie. No tendría que pasar de ser un jugador de banquillo en un Madrid con garantías. La osadía del triple algunos la pueden considerar como un acto rebelde de un jugador diferente. No es así. No hay que confundir responsabilidad y saber asumir tu papel con la valentía de pasarse por el arco del triunfo a tu entrenador y al resto de tus compañeros.

El problema no es que fallara el triple, que también, el problema es que Sergio Llull no asume que él no es el que tiene que tirar en esas circunstancias. Si ese lanzamiento lo hubiera fallado Rudy, Sergio Rodríguez o Carroll, la acción se habría quedado en nada. Los galones en el equipo son suyos, no del 23. Sus aires de grandeza no se pueden permitir en un equipo como el Madrid. Ese ansia de protagonismo no se puede tener . Si Llull no es capaz de controlar sus impulsos, que no lo es porque ya lo ha demostrado más veces, es mejor que salga del equipo o ¿en cuántos finales más va a hacer lo que le de la gana?

Y no ‘sólo’ estuvo la jugada de los minutos finales. Llull, que fue el máximo anotador del partido, encontró tiro desde fuera del triple en 17 ocasiones. Ya es difícil que en un partido así puedas tirar tantas veces desde fuera. Llull sí puede. El Madrid estuvo fallón y el Barcelona, con su mejor cara de la temporada, volvió a sacar provecho de su máximo rival. Unos se crecen en estos duelos y ‘otros’ también se crecen pero sin poder. Dos maneras distintas de estar en un clásico.

Al final del partido, Llull se justificó lo mejor que pudo. “Estábamos nerviosos y ansiosos por ganar el partido rápido y eso nos ha pesado. Nos ha podido la ansiedad, hemos estado fallones y ante un rival como el Barcelona, que tiene mucha experiencia, eso nos ha podido. El equipo está dolido, todo el mundo quería ganar pero ahora tenemos que mirar hacia adelante y aprender de los errores”. ¿Hasta cuando se aprende de los errores? Las oportunidades tienen un límite y Llull ya ha tenido demasiadas.

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